Día Mundial del Árbol: un recorrido por tres árboles sagrados del mundo

Día Mundial del Árbol

Los árboles hacen mucho por nosotros: renuevan el aire que respiramos, retienen el CO2, filtran la contaminación, regulan el viento y dan cabida entre sus ramas a infinidad de seres vivos. Desde siempre, los árboles han estado presentes en las culturas del mundo, siendo incluso seres sagrados para algunas civilizaciones. Síguenos por un recorrido por tres árboles sagrados del mundo.

 

La Avenida de los Baobabs (Madagascar)

Los baobabs son árboles que absorben el agua de la lluvia, la almacenan en el tronco y, cuando comienza la sequía, la emplean para dar frutos. Uno de los lugares del planeta más maravilloso para ver este árbol es la Avenida de los Baobabs, en Madagascar: 25 árboles de 30 metros y más de 800 años conectan las ciudades de Morondava y Belon'i Tsiribihina.

 

Árbol de Bodhi (Bodhgaya, India)

El Bodhi es un árbol sagrado para la cultura budista, se dice que sus ramas ascienden al cielo, su tronco permanece en la tierra y las raíces van al inframundo. En el templo Mahabodhi encontraremos el Bodhi o gran higuera donde, se dice, fue el lugar donde Buda se sentó a meditar en busca de la iluminación hace 2.600 años.

 

Árbol del Tule (Oaxaca, México)

En Santa María el Tule, en Oaxaca, se encuentra el árbol con el tronco más grande del mundo, se necesitarían 30 personas para abrazar su tronco. Uno de los orígenes del árbol se cuenta a través de la cosmología zapoteca: hace 1.400 años, Pechocha, un sacerdote de Ehécatl y Dios del viento, sembró las semillas del ahuehuete.

En todo el mundo hay árboles maravillosos que destacan por su belleza e historia y que merecen un viaje. Por ejemplo, el árbol más gigantesco del mundo se encuentra en California, en el Parque Nacional de las Secuoyas: se llama General Sherman. El árbol más solitario del mundo también encaja en esta descripción, ya que también destaca por su belleza: se trata del Árbol de la Vida y se encuentra en Bahrein. Sin olvidar al Ciprés Solitario de Monterey, además de por su soledad, también destaca por su ubicación en un acantilado, un árbol robusto que se resiste al viento del océano.

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